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La reflexión de Jesus Encinar: Los países ricos no son los responsalbes de que otros países sean pobres.

Uno de los temas que más me ha interesado desde pequeño es por qué unos países son ricos y prósperos mientras otros no lo son. Las causas históricas, sociales y económicas que desembocan en que unas partes del planeta gocen de riqueza, paz, protección social, baja desigualdad, etc. mientras que otros no tienen nada de eso.

La primera obra de economía moderna, La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, trata ya precisamente sobre este tema y hay incontables libros que analizan el tema desde multitud de puntos de vista: historia, cultura, demografía, economía, evolución del pensamiento político, colonialismo, racismo, ecología, filosofía, etc.

Personalmente los tres libros que más me han influido a la hora de pensar sobre el tema son:

– The Truth About Markets, de John Kay
– Guns, Germs and Steel, de Jared Diamond
– The Wealth and Poverty of Nations, de David Landes

Tres libros magníficos que recomiendo a cualquiera interesado en el tema.

Esta tarde pensaba cómo hay países en los que la gente se levanta y con disciplina y esfuerzo va a trabajar cada día. Ahorran y con mucho esfuerzo llegan a invertir algo. No esperan que nadie venga a solucinarles sus problemas y se dedican a mejorar su situación económica y ayudar a su comunidad. Gente así, trabajadora y sacrificada, es la que consigue que sus países progresen económicamente. Hace tiempo escribí cómo gracias a un ambicioso proceso de liberalización y globalización China ha generado una enorme riqueza o cómo Vietnam ha iniciado una década de crecimiento. Los países que ganan cuota de mercado mundial, mejoran su competitividad y crean oportunidades para sus ciudadanos lo hacen a base de apostar por esfuerzo individual, liberalización y globalización, palabras tabú en Europa. Son países ferozmente competitivos que no dependen de la ayuda exterior para salir adelante. China no ha creado su crecimiento gracias a la acción de ningún plan europeo de ayuda al desarrollo ni a la generosidad de donantes occidentales. ¿Es preocupante que este crecimiento se dé en un país con un gobierno totalitario sin respeto a los derechos humanos? Sin duda. Mucho. Pero es necesario reconocer que muchos países tremendamente pobres estarían mejor con crecimientos económicos similares.

Me preocupa ver que en España sin embargo se está creando una cultura autocomplaciente donde mucha gente espera que el Estado venga a solucionarle todos sus problemas: pagarle sus estudios, cuidar su salud, cobrar un subsidio de jóven, una pensión de mayor y evitar los problemas derivados de los cambios económicos. Así es como hemos llegado a los problemas actuales de endeudamiento de la administración.

A todos los que nos parece necesario que el Estado mantenga su papel de ayudar a corregir injusticias, apoyar a los más débiles y redistribuir riqueza debería preocuparnos la debilidad actual de las cuentas públicas. Por decirlo llanamente: con toda la gente que hay chupando del bote al final no quedará dinero para ayudar a los que de verdad lo necesitan.

Por poner un ejemplo del abuso que mucha gente hace de las cuentas públicas: en España veo un fraude galopante a la seguridad social de individuos que se dedican al “dolce far niente” bajo la excusa de las “bajas por depresión”. Si toda la gente que en España está de baja por “depresión” sufriese verdaderamente la enfermedad veríamos correr lágrimas por las calles y habría gente llorando en cada esquina. La baja por depresión es la principal baja laboral en España porque es imposible demostrar el fraude que supone. Pensando en este tipo de ideas escribí hoy a media tarde esta observación en mi twitter, con todas las limitaciones para matices que 140 caracteres permiten:

Ha sido una de esas ocasiones en las que veo que un tema polariza. Por una parte un sorprendente gran número de gente se ha mostrado totalmente de acuerdo conmigo. Muchos han retuiteado la idea. Por otra parte una minoría con más o mayor educación se muestran en desacuerdo. Entre las respuestas negativas veo que mucha gente tiene la idea de que los países pobres lo son porque son “explotados” por los países ricos:

Esa idea del victimismo (“somos pobres porque ellos son ricos”) es radicalmente falsa y enormemente perjudicial para el desarollo. Esa idea mantiene pobres a muchos países pobres.

Recuerdo la honda impresión que me causó leer con 15 años Las Venas Abiertas de America Latina, de Eduardo Galeano. En medio de la guerra fría y una America Latina dominada por dictaduras apoyadas por la CIA era fácil estar de acuerdo con frases como:

La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta.

Fue precisamente leer cosas así lo que me hizo dedicar los meses entre mi primer y segundo curso de mi MBA en Harvard a trabajar con una ONG en los barrios más pobres de America Latina. Recuerdo perfectamente mi experiencia en Kingston Jamaica, en Belize, en El Alto en Bolivia o los barrios marginales de Bogotá, tratando crear clínicas de salud visual junto con Help the World See, mientras mis compañeros se iban a Wall Street o Silicon Valley.

Pude ver de primera mano como había fondos suficientes para llevar a cabo nuestra labor de ayuda al desarrollo. El dinero necesario provenía de USAID, la Organización Mundial de la Salud y organismos europeos. El freno a nuestra labor no era la falta de recursos sino la política local y los intereses creados locales: la pobreza no es consecuencia de la riqueza de los países ricos sino causa directa de la historia, política, cultura y sociedad local. La mayoría de países del mundo tienen, para lo bueno y para lo malo, los gobernantes que se merecen.

Para ayudar a países pobres es necesario tener más comercio con ellos. En palabras de la genial fundadora de The Body Shop, Anita Roddick: “Trade, Not Aid”. Los programas que mejor han funcionado han sido los de microcréditos porque ayudan a los emprendedores locales a levantar sus negocios. Inundar sus mercados con productos gratuitos regalados por donantes del primer mundo a menudo destroza los pequeños negocios de los locales. Las ONGs hacen una labor fundamental pero el progreso económico de los países más pobres no pasa por la caridad y la beneficencia sino por el comercio y la inversión.

La mayor parte del comercio mundial se da entre países ricos y otros países ricos. Los países ricos lo son gracias a sus ciudadanos, su ahorro, su trabajo y su comercio con otros países igualmente ricos. El drama de los países pobres no es ser “explotados” sino estar al margen de este comercio mundial. Ojalá los países pobres recibiesen mucha más inversión y turismo de los países ricos. Ojalá pudiesen exportar aún más productos y mercancías de valor añadido al primer mundo. Así podrían crear más riqueza local y desarrollo.

http://www.jesusencinar.com/

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